Despacio como atardecer furtivo
Un tornado súbito respira en la ventana
Y es el mismo paisaje; siempre detrás del sol
Porque cae a cuenta gotas la nostalgia
Las manos llenas de espacios vacíos
Acaricias la vibración sincera de las cuerdas
Esas que anuncian la tonalidad interna
Y que inundan los instantes sombríos
Y desfilan sin premura tantos años
Y se olvida el arrullo de los sueños
Se queda a descansar lo incierto
Pues el invierno hizo un nido del silencio
El atardecer siempre del mismo color
Ese juego misterioso del ir y venir
De encontrar el abismo a pocos pasos
Y a la vez saltarlo sin ningún reparo
La ficción enfermiza del azul
Envuelve los deseos en un halo sin fin
Y musitan leves pero audibles las certezas
Que a veces se confunden con ilusión de luz
Y desfilan sin premura tantos años
Y se olvida el arrullo de los sueños
Se queda a descansar lo incierto
Pues el invierno hizo un nido del silencio